Archivos de la categoría ‘Responsabilidad Social Corporativa’

Suicidios en France Telecom

22 Octubre, 2009

Por Elena Méndez

france telecomCuando todavía planea sobre nosotros la sombra del colapso de Lehman Brothers hace poco más de un año, nos llega la inquietante noticia sobre los suicidios en France Telecom. Según los sindicatos, desde Febrero del 2008, 25 empleados se han suicidado en esta empresa. La última persona, una joven de 23 años, se tiró desde un cuarto piso de un edificio de esta compañía, después de que le comunicaran que iba a cambiar de puesto.

Confieso que he querido escribir algo sobre esta noticia desde hace ya algunos días, pero no he podido hasta ahora. Es como si se me hubiera quedado clavada y no fuese capaz de digerirla. Hoy con un poco más de distancia emocional y temporal, lo puedo hacer. Dicen que el simple hecho de hablar o escribir sobre algo es terapéutico.

Las empresas se desploman, se reestructuran y después de la primera y más contundente sacudida,  la onda expansiva llega progresivamente a sus empleados. Las personas lo saben y tienen miedo, no sólo porque ven lo que ocurre alrededor y como se está despidiendo a muchos compañeros, si no porque aunque hoy sean afortunados y no les toque, en lo más profundo saben que los próximos podrán ser ellos.

Vivir con miedo atenaza, paraliza y muchas veces no nos deja elaborar opciones. Algunos desgraciadamente como en la noticia, no quieren seguir viviendo con miedo, pero además, desde el punto de vista empresarial me pregunto ¿y cómo se trabaja con miedo?.  La última chica que se suicidó, ni siquiera iba a ser despedida, sólo la estaban cambiando de puesto…

En este caso France Telecom, ha presentado una serie de medidas para tratar de evitar estos hechos, incluida la congelación de las reestructuraciones hasta el próximo 31 de octubre y también otros procesos de integración de negocios. La sangría constante en la que se vive en muchas organizaciones, tensiona tanto, que lejos de favorecer una reacción positiva que ayude a sacar lo mejor de cada uno para afrontar los nuevos retos profesionales, desgasta tanto, que llega a ser insoportable para muchos.

Lamentablemente algunas organizaciones, de forma consciente o inconsciente, utilizan el miedo como “elemento motivador”, pero todo tiene un límite, las personas también.

Esta vez, una persona joven se suicida en el trabajo y no en su entorno privado. El cambio de escenario  añade dramatismo a la noticia y nos sacude, algo tan personal y terrible llega a ocurrir en el mismo ámbito laboral. ¿Qué es lo personal y qué es lo profesional? Las barreras  se desdibujan, ¿Life to work? o ¿work to life?.

¿Dónde estábamos?

15 Octubre, 2009

Por Carlos Hernández

El viernes 9 se inauguró, en Managua, el IV Congreso Nacional de Recursos Humanos, en el cual tuve la suerte de participar con una ponencia sobre creatividad. (Inauguración con himno nacional y bendición del sacerdote).

Latinoamérica no deja de sorprenderme. El día 6 de octubre en el periódico Nuevo Diario, leía en la portada que, según el informe sobre desarrollo humano de 2009 publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Nicaragua es el país de más bajo índice de Desarrollo Humano en Centroamérica. Se codea, según el informe, con algunos paises africanos, y en Latinoamérica sólo es superado por Haiti. Basta salir a dar una vuelta por Managua para contemplar esta realidad, y basta hablar con los nicaragüenses para darse cuenta de que el gobierno (“títere de Chávez y de Evo”) no ayuda a lo contrario.

Sin embargo, a pesar de estas realidades, ahí están los nicaragüenses luchando por su propio desarrollo, y el de sus empresas, a pesar de los políticos, y, en concreto en estos días, luchando, con ilusión, por la formación y el aprendizaje de sus líderes de Recursos Humanos.

De las ponencias que he podido escuchar, me ha gustado en especial, no por la forma, sino por el contenido (últimamente los ponentes damos mucha importancia a la puesta en escena y muy poca al contenido) la que ha dictado, al más puro estilo académico, Juan Bautista Arrien, representante de la Unesco en Nicaragua.

Ha disertado, con una humildad y una honestidad tremendas, sobre la crisis mundial y el papel de los gestores de Recursos Humanos en esta crisis. Una conferencia centrada en la persona como centro de cualquier organización, y en la necesidad de la realización de la persona en el trabajo. “No ha sido una crisis económica, -ha afirmado-, ha sido una crisis ética, y ¿dónde estaban en esa crisis los encargados de la gestión de personas? La gerencia humana se olvidó de la ética y de los Recursos Humanos es decir de las personas”

La verdad es que ante estas preguntas poco más puedo decir, tan solo invitaros a la reflexión. Todos sabemos que ha sido una crisis de valores…pero ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estamos?

Y…¿el fin justifica los medios?

28 Julio, 2009

Por Mª Angeles Romeo

“Golpearía al Sol si me insultara”
Capitán Ahab, Moby Dick. (Herman Melville)

No he podido resistir la tentación de continuar con cierto hilo rojo que puede detectarse al leer los últimos Blogs y es que al hacerlo me ha surgido esta pregunta que es una pregunta antigua, que nos acompaña permanentemente desde hace más de 500 años, cuando escribió MAQUIAVELO su todavía actual y candente “El Príncipe” y por tanto a la que hemos visto responder de muy diferentes maneras desde los políticos, los economistas, los famosos del corazón, los empresarios, los sindicatos, la población, NOSOTROS en suma.

Dense cuenta, que la respuesta varía notablemente si “El fin” es bueno en sí mismo, (Ejemplos: como evitar una catástrofe, salvar la vida a alguien, erradicar la hambruna, etc.) ó si “El fin” es bueno solo para unos pocos, (Ejemplos: conseguir los objetivos empresariales personales, enriquecerse a costa de los demás, conseguir ser elegido en las urnas, imponer un criterio, creencia, política, norma, normativa, etc.)

Sin embargo, mantengo la creencia de que una cosa es lo que contestamos de manera pública y otra lo que hacemos. Y me refiero con lo que hacemos en esos pequeños gestos de todos los días, de lo que es cotidiano para cada uno de nosotros.

¿Cuánto tiene de creencia y por tanto cuánto entronca con nuestros valores personales?. Y lo digo porque acabo de ser testigo de excepción de una situación en la que un empresario, tras muchos esfuerzos y unos cuantos años al frente de su negocio, había conseguido que los resultados fueran muy satisfactorios, acompasados a los años de bonanza económica en los que nos encontrábamos, ¿recuerdan ó ya es algo olvidado?. Pues bien, en esta situación decidió contratar a un profesional que llevaba tiempo ofreciéndole sus servicios en la consideración de que a través de su gestión iba a ver notablemente incrementado el volumen de su negocio, (siempre ha habido maravillosos vendedores de humo, de sueños, de talento, de beneficios, en fin de lo que tocase). Este empresario aceptó el reto en la consideración de que sería una suma, que añadiría al negocio y del que podrían beneficiarse el conjunto de la empresa.

Pero ¡¡¡¡¡OH!!!!!, nadie contaba con que el aire estaba dando la vuelta a la esquina y que de repente, el mundo económico se estaba desmoronando, afectando a la subsistencia de las actividades empresariales. Es así como de forma paulatina los resultados de la compañía comenzaron a resentirse y este profesional, último en incorporarse a la misma, ya no solo no aportaba negocio, sino que suponía una carga financiera difícil de mantener.

No obstante, el empresario trataba de buscar alternativas que les permitiera mantenerse juntos, a flote, en la misma nave, balsa o patera, con el fin de poder alcanzar la costa cuando el viento amainase. Pero mientras el patrón estaba pendiente de sujetar las velas, mantener firme el timón y ahorrar combustible, el último marinero incorporado al navío no estaba por la labor de apretarse el cinturón de lo que parecía ser el chaleco salvavidas, ni a hacer más esfuerzos, en la creencia, como el Capitán Ahab, que él solo estaba más capacitado que el conjunto para llegar a buen puerto; eso sí, en su barca, balsa o patera, no había cabida más que para él. Y fue así como haciendo acopio de todo el know how que la empresa durante estos años había acumulado, una noche, aprovechando el descanso del patrón y contando con la ayuda de la oscuridad, pues las nubes ocultaban la luna, decidió abandonar el barco, a su gente y a su patrón.

Cuando la noche daba paso a una tenue luz del amanecer el patrón notó que el barco parecía contar con menos peso y, aún dándose cuenta de que faltaba uno de sus ocupantes y el peso del mismo era considerable, no parecía ser suficiente motivo como para darse tal aligeramiento de la carga. Fue cuando ya el sol había tomado distancia del horizonte del este, cuando pudo comprobar, con gran sorpresa, que no se había ido solo, sino que faltaba mucha información, muchos datos, mucha innovación y mucho trabajo, almacenado en las bodegas y que no había dudado en llevarse a pesar del esfuerzo y el peso que ello suponía.

“El Capitán Ahab” continuó el viaje solo, desconocemos su destino y su suerte, en los negocios siempre hay “un poco de suerte”, pero lo que sí sabemos es que faltó a su compromiso, falló en la confianza de la que había sido depositario, …  y todo para alcanzar su fin, que no era otro que mantener su elevado nivel de vida, a costa…., a costa de lo que fuera, incluso de traicionar a aquel que le había ofrecido su barco, su cobijo y le había halagado con todo tipo de viandas, como un buen anfitrión que atiende a los invitados a su mesa.

Moraleja, no solo son los empresarios los que sobornan por obtener negocios, no solo son las “empresas” las que abandonan los compromisos adquiridos con sus trabajadores//empleados, no solo son los trabajadores los que olvidan el compromiso con la empresa que le da trabajo….,

¡¡Señores!!  Somos todos y cada uno de nosotros, los que actuamos con o sin compromiso,  con o sin ética, de acuerdo o contra nuestros propios valores, solo que cada uno de nosotros y a veces depende de la situación en la que nos hallemos, somos empresa o somos trabajadores, de ahí que solo de NOSOTROS depende decidir si el fin que perseguimos justifica los medios de los que nos valemos.

El Gigante del Automóvil quiebra

2 Junio, 2009

Por Fernando Giner

Hoy se ha consumado la esperada noticia. La desaparición del hasta hace poco mayor fabricante de automóviles General Motors.
¿Cómo ha sido posible? Por la acumulación de múltiples errores no corregidos en el transcurso del tiempo. Veamos algunos de los posibles

1.    La pérdida de ilusión y compromiso de sus principales directivos. Posiblemente más preocupados por percibir las jugosas stock options y haciendo malabares financieros para justificar los resultados de la compañía. Posiblemente el cortoplacismo que imponen los mercados financieros y la necesaria presentación de buenos resultados en línea ascendente,  a fin de justificar  tus propias acciones, hizo que los directivos principales de la organización dejaran de centrarse en lo principal. Perdieran la ilusión por hacer bien su trabajo, que era lograr producir coches mejores, más eficientes a menor coste.

2.    No querer ver el cambio de tendencia que marcaban los consumidores norteamericanos. General Motors había pasado de ocupar algo más de una cuota del 50% a tan solo detentar un 14%. ¿Por qué ese cambio en los consumidores? Estos al igual que sus homólogos en otros países “buscan obtener el máximo rendimiento por su dinero”. Ese mayor rendimiento lo obtenían  y lo obtienen en coches procedentes de Japón, Corea y en alguna menor medida Europa. El norteamericano dejo de ver “patriotismo” en la compra de un automóvil, se dejo el corazón de lado y empezó a valorar la cartera.

3.    Despreciar con cierto olimpismo la cada vez más creciente competencia y eficiencia japonesa y coreana. El año pasado fue apartado del número 1 mundial por Toyota. General Motors seguía empeñada en fabricar coches a su “estilo” y al “antiguo estilo americano”. Coches grandes, de elevado consumo y mantenimiento. Frente a sus competidores más directos, los japoneses y coreanos, que fabrican coches de tamaño pequeño o medio, de muy ajustado consumo y de muy bajo mantenimiento.

Estas han sido posiblemente las tres causas principales de su quiebra: falta de ilusión en lo que haces por parte de los directivos (hay que ocuparse de lo financiero y no del producto), desoír las señales de alerta que los consumidores le enviaban (con bajas continuas en las cotas de mercado) y un estrategia de producto y servicio erróneo.

Ahora solo se ha consumado un hecho que posiblemente empezó a fraguarse hace unos 10 o 12 años. Las cosas en la empresa no pasan por qué si. No pasan de la noche a la mañana. Un desastre lleva tiempo cocerse y el “entorno” te envía cientos de mensajes. Es cuestión de saber verlos y atenderlos. En caso contrario acabas como General Motors, en la quiebra. ¿Quién lo iba pensar allí por el 2.000? Pues ha ocurrido.

Eso nos demuestra que nadie está a salvo, por muy grande que seas. Si descuidas tú ilusión y compromiso diario, si no atiendes a tus clientes y si insistes en estrategias erróneas el fracaso estará pronto llamando a tu puerta.

¿Conseguir una venta justifica el soborno?

31 Mayo, 2009

Por Elena Méndez-Díaz-Villabella

El 25% de 2.200 directivos de grandes empresas de 22 paises europeos, piensan que sí, según un estudio reciente ” European Fraud Survey 2009“, de Ernst & Young, http://www.ey.com/CH/en/Newsroom/News-releases/20090519-Ernst—Young-European-Fraud-Survey

 

El 25% de los directivos, considera aceptables los sobornos y prácticas poco éticas como arma de venta, si ello ayudaba a mejorar los resultados de la empresa.

Los directivos españoles no se libran e incluso superana la media y son unos de los más “tramposos” con un 38%, sólo superados por República Checa y Turquía, ¡triste honor!.

Y todavía hay más, no se crean que éso sólo lo piensan los “despiadados directivos”, el porcentaje sube casi al 80% cuando se pregunta al resto de empleados.

Y es que como la presión en las empresas se intensifica para estabilizar el negocio y conseguir objetivos financieros, los incentivos para cometer fraude aumentan, en todos los entornos y niveles.

El estudio señala también un aspecto interesante, y es que al margen de la situación económica, en general se observa que el riesgo y las posibilidades de cometer fraude aumenta en las situaciones en las compañías que cambian de dueño, se fusionan, o incluso que disminuyen personal. Con los cambios de personas en los puestos, ausencias, confusión de roles o puestos duplicados, las posibilidades de cometer fraudes son más altas y además más difíciles de detectar.

En el momento actual nos encontramos con la combinación peligrosa de ambos factores: mala situación económica y empresas cambiando o adelgazando su estructura organizativa, por lo que la combinación puede ser explosiva.

Por otro lado, en estos momentos económicos, son muchos los que señalan, incluso desde organismos financieros mundiales, que precisamente lo que nos ha llevado hasta la situación actual, en tiempos de bonanza económica, es la falta de ética y de valores para actuar empresarialmente, y que hace falta una revisión importante de los mismos para que salgamos de dónde estamos.

Sin embargo estudios como el que estamos comentando, nos muestran que la crisis lejos de hacernos en algún caso mejores, puede sacar incluso lo peor de nosotros mismos, es la lucha por la supervivencia y “el sálvese quien pueda”.

Esto me recuerda, lo que en su día un empresario me comentaba, cuando se le preguntaba sobre las prácticas éticas y sociales, en un momento de cambio importante para su empresa. Su respuesta fue clara pero tajante: “Con que no se robe me basta”. Una respuesta dura pero sincera, cortante como la realidad, que es fría y aplastante.

Por lo que se podría pensar que a pesar de las campañas y prácticas desarrolladas, con el objetivo de concienciar a empresas y trabajadores, sobre la importancia de la ética y la responsabilidad social corporativa, todo sigue igual… ¿o peor?.