Archivos de la categoría ‘Desarrollo profesional’

Nuevas experiencias, jóvenes experiencias

15 Diciembre, 2009

Por Carlos Hernández

Me gusta tener experiencias nuevas. El pasado viernes, día 4, tuve la oportunidad, casi por accidente, de participar en el Liceo Francés en unas charlas sobre orientación profesional a jóvenes de 15 y 16 años. Me tocó hablarles del mundo de la comunicación, de lo bonito y/o curioso que era trabajar en puestos y empresas relacionados con la comunicación en general.

Como mi contacto habitual es con universitarios de últimos años de carrera y con profesionales, confieso que me despertó cierta curiosidad tener este breve contacto con gente tan joven. La verdad es que antes de entrar no me hice una imagen determinada de lo que me podía encontrar, pero al salir, y aunque el contacto fue muy breve, después de hablar con unos 80 jóvenes, o adolescentes, me fui con las siguientes impresiones:

1. A los 15 años se está más perdido que un pato en el Manzanares (recurso retórico robado a Sabina). Esto confieso que me tranquiliza, lo extraño sería lo contrario… Los chavales no sólo no saben lo que quieren, es que tampoco saben lo que hay…

2. Sus intereses fueron fundamentalmente dos. ¿Adivináis cuales? El primero, saber cuánto se gana, y el segundo conocer cuántas horas se trabaja…. El segundo reconozco que me alegra, el primero no tanto, me hubiese gustado más que entre sus intereses prioritarios hubiese estado el saber si el trabajo era bonito o divertido.

3. Saben que hay crisis, (como para no saberlo), incluso alguno preguntó cuántos años estaría en paro después de la universidad.

4. Percibí en muchos de ellos una falta tremenda de interés/curiosidad, en cada grupo de 20 personas no eran más de tres o cuatro los que preguntaban, los otros, como debe de ser en todo colegio que se precie, esperaban impacientes a que tocase el timbre del final de la clase.

5. Reconozco que, a pesar de estar en la universidad, ando muy perdido con Bolonia. Cuando los chavales me preguntaban sobre carreras universitarias para dedicarse al mundo del marketing o de la comunicación, les tuve que manifestar mi ignorancia con respecto a los nuevos planes de estudios. Sería un detalle que alguien en mi universidad tuviese el detalle de informarme.

6. Finalmente, tratando de explicar algunas cosas, me sentí como en casa el día que mi sobrino Bruno me preguntó: “Pero tío, tu realmente ¿en que trabajas?”, y es que, en estas charlas de orientación, definitivamente, lo tienen más fácil los médicos y los abogados.

Y me dió envidia sana

17 Noviembre, 2009

Por José Pividal

foto_jose_pividal novDurante la última semana de Octubre, he tenido ocasión de volver a dar un curso de compensación en Lima, en la universidad UPC en colaboración con la EOI. El curso se impartió a más 40 profesionales de RRHH, todos jóvenes y bien formados, con deseos de mejorar en su carrera profesional. He podido descubrir las ganas de trabajar de estos jóvenes peruanos, el espíritu luchador, sin miedo al sacrificio que en ocasiones hemos olvidado en nuestros lares.

Gente con un solo propósito: el de aprender, una fe: la superación, un camino: el trabajo. Seguro que todos aquellos compañeros profesores que imparten clases en algún máster ejecutivo o no, recuerdan sus mejores grupos de clase con la misma fuerza y cariño que yo ahora. Demasiadas veces vemos grupos de estudiantes que ya saben todo, conocen todo, ya han leído, ya dominan no necesitan aprender.

En mi caso por tercera vez en Perú, he redescubierto esta faceta del grupo de estudiantes entrañable al que aprender le cuesta igual que a otros, que sabe que sin esfuerzo no hay resultados.

Pero aprovechando mi último día de estancia en la  hermosa capital peruana he visitado alguno de sus enormes centros comerciales similares a los que nos encontramos por Europa. Sin embargo en este caso me he quedado sorprendido por el empuje comercial, la actividad frenética aquí desarrollada.

Como en muchos de nuestros centros, aprovechando cualquier metro cuadrado, han transformado las plazas o rincones interiores de dichos centros en mini concesionarios de automóviles mostrando a todo paseante, una pequeña exposición de automóviles, con todas las últimas novedades. Es verdad que no suelen ser rutilantes 4×4, ni marcas alemanas de lujo, sino mas bien utilitarios coreanos japoneses o chinos. Pero lo que me llamó la atención, fue que en cada plazoleta del centro comercial había tres o cuatro coches expuestos, y había también tres o cuatro vendedores y no precisamente sentados a la espera de algún posible cliente sino apoyado en un mesa de bar improvisada, o dentro del vehículo en los asientos traseros, haciendo números sobre las cuotas a pagar, calculando precios de las versiones existentes. Y además, otros clientes afuera mirando y remirando el ansiado coche, esperando su turno.

Hacía tiempo que no veía tal a actividad comercial. Tantas ganas de adquirir productos nuevos, tal interés por consumir. Restaurantes llenos, tiendas llenas, colas en los cines, hasta librerías y supermercados abarrotados… Volví a descubrir lo que es vivir sin  crisis, y me acordé, y me dió envidia sana.

Y pensé que con estas ganas de progresar de los jóvenes profesionales y con esta actividad comercial, el Pueblo peruano está condenado… al éxito.

De lo cual me alegré, miré la hora, y tomé un taxi hacia el aeropuerto de vuelta a Madrid.

Hacer cosas que nos den miedo

2 Noviembre, 2009

Por Javier Carril

miedo

Recientemente, el director de una empresa me decía que tenía miedo de empezar el proceso de coaching que había contratado. Tenía miedo de no estar a la altura, de no aprovechar al máximo esa importante inversión. Tenía miedo de que surgieran obstáculos o frenos dentro de sí mismo que no conocía (o sí).

Sin embargo, a pesar de ese miedo, estaba ilusionado. Y yo me pregunto ¿Existe alguna conexión entre el miedo y la ilusión? Quizá sí. Por lo menos, en el ámbito del desarrollo profesional y personal hay una relación evidente.

Cuando nos arriesgamos, cuando tomamos decisiones incómodas pero necesarias, sentimos miedo porque pensamos que existe la posibilidad del fracaso, y de las consecuencias de dicho fracaso.

Pero al mismo tiempo, nos sentimos vivos. Porque sabemos que estamos creciendo a través de esas decisiones difíciles, que estamos superando nuestros propios límites, que estamos avanzando hacia nuestros objetivos. Y esa es la esencia de la ilusión.

Si hacemos lo que está previsto, lo que nos resulta más cómodo, lo que se espera de nosotros, entraremos en una dinámica de conformismo y falta de motivación. Todos necesitamos retos, metas que nos hagan sentir miedo. Precisamente lo necesitamos para sentirnos vivos. En cualquier nivel profesional, en cualquier momento de nuestra carrera.

Lo bueno es que esto depende de nosotros. Acostumbrarnos a salir de nuestra zona de confort y hacer frecuentemente cosas que nos den miedo depende de nosotros. Se trata de comprometernos con nosotros mismos con una actitud valiente y desafiante. Aunque a veces nos equivoquemos, lo cual es inevitable e incluso necesario, tener esta actitud es garantizarnos motivación, emoción y creatividad sin fin. En lugar de huir de lo que nos da miedo, vayamos hacia ello. Lo más probable es que cuando nos introduzcamos en la oscuridad, no nos parezca tan oscuro todo. Igual que cuando entramos en una habitación a oscuras. Al principio, no vemos nada, pero al cabo de unos segundos, empezamos a ver más y más claro.

Liderando Me

6 Octubre, 2009

Por Mª Angeles Romeo

¿Qué cosa más grande que tener a alguien
con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
Marco Tulio Cicerón  (106 AC-43 AC).

Mucho nos gusta hablar de Liderazgo y todas sus acepciones, que en definitiva no resulta ser más que el cómo nos comportamos en el mundo del trabajo, qué actitudes mostramos y cómo nos relacionamos con los demás, siendo casi irrelevante el hecho de que tengamos o no personas a nuestro cargo, o si tenemos dependencias funcionales o jerárquicas.

Sin embargo y en la línea de mis queridos y sinceramente admirados colegas-compañeros de enEvolución y sus acertados, a mi juicio, comentarios vertidos en sus blogs, en estos tiempos de crisis las cosas no solo parece que están cambiando, sino y, lo que parece más relevante, que deben cambiar y debemos reinventarnos y reinventar.

Debemos cambiar y cambiar significa modificar nuestros parámetros y nuestros constructos mentales y nada mejor que hacerlo primero con nosotros mismos.

Como poco a poco se va demostrando con el Coaching, no podemos cambiar un comportamiento si no cambiamos el punto de vista de la realidad, si no movemos el ángulo de nuestra percepción y resulta que nuestra realidad y nuestra percepción viene condicionada por nuestras emociones.

En esta situación, resulta que vivimos en un mundo que prima el pensamiento sobre el sentimiento, cuando resulta que son las emociones las bases que generan los conflictos, TODOS LOS CONFLICTOS, personales, (con nosotros mismos, de pareja, filiales, familiares,..), laborales, políticos, bélicos, diplomáticos, etc., etc. Reflexionen sobre el origen de los conflictos que cerca o lejos de sí mismos conocen y analicen la causa de su nacimiento, resulta sorprendente…

Nos encontramos en un momento en el que se ha puesto de manifiesto que la racionalidad del sistema y sus procedimientos y normativas, no ha sido la adecuada para afrontar un cambio de ciclo, en el que todos estamos inmersos. Tal vez sea el momento de cambiar nuestra ángulo de visión y comenzar a actuar de una manera más emocional, a la vez que coherente con nuestros estados internos, con nuestros valores y con nuestras creencias, desechando las limitadoras, para poder responder de otro modo, innovador y creativo.

¿Hemos probado a reconocer, identificar, mostrar, manifestar, en suma, conocer y exhibir de una manera más abierta y sincera nuestros sentimientos, ante nosotros mismos y ante los demás?. ¿Hemos probado a tratar de identificar, buscar, reconocer, los sentimientos que hay en el otro, para actuar desde ese conocimiento?

Hasta ahora los modelos de liderazgo se han basado en el desarrollo de ciertas pautas, que asumidas por cada uno, tenían el objetivo de gestionar a los demás, pero en estos momentos se hace necesario mover nuestras capas internas, analizar nuestros sentimientos y nuestras expectativas, nuestras resistencias, nuestros temores y nuestros sueños; será el modo a través del cual podamos reconocer con más facilidad y sobre todo con más certeza los sentimientos, expectativas, resistencias, temores y sueños en los demás, en nuestro equipo, en nuestros colaboradores, en nuestros amigos y familiares, respondiendo así desde la empatía y la aceptación.

Es posible que esa gota de innovación, permita trabajar con mayor creatividad y desde uno mismo ser capaz de trabajar con los demás. Pero, ¿estamos dispuestos a abrir la Caja de Pandora?.

El principio 80/20 post-vacacional

24 Septiembre, 2009

Por Javier Carril

En verano suelo tener más tiempo para leer. Y este mes he podido leer un libro interesante, y por otra parte muy conocido, “El principio 80/20”.  Creo que volver de nuestras vacaciones para afrontar el nuevo curso requiere de conceptos nuevos que puedan revolucionar nuestra aletargada mente. Y un buen concepto es el 80/20. ¿Y qué es? El principio afirma que hay un desequilibrio inherente entre las causas y los resultados, entre las contribuciones y los rendimientos, y entre los esfuerzos y las recompensas. Este desequilibrio se ha demostrado en numerosos ámbitos de la naturaleza, la economía y el mundo de la empresa.

¿Cuál es la idea clave? Que el 80% de nuestras acciones consiguen sólo el 20% de nuestros resultados. O que el 80% de nuestros resultados los logramos con tan sólo el 20% de nuestras acciones, o en el 20% de nuestro tiempo. Es decir, que hay una parte importantísima (el 80%) que es altamente improductiva e inútil. Si conseguimos identificar cuales son esas acciones o tareas que pertenecen a ese 20% altamente productivo, entonces podríamos dedicar más de nuestro tiempo y energía a esas tareas ¿No? Y por supuesto también podríamos dedicar el mínimo tiempo a las tareas pertenecientes al 80% inútil.

Nuestra efectividad se multiplica por 50 si aplicamos este principio a nuestro trabajo. Piensa, por un momento, qué tareas realizas en tu trabajo que no te aportan poco o ningún valor. Estoy convencido de que hay un porcentaje elevadísimo de estas tareas en tu día a día. Piensa, por otro lado, en cuales son las acciones que te proporcionan la mayor parte de tus resultados. Estoy seguro de que hay muy pocas de esas acciones altamente productivas.

Pero el principio 80/20 podemos llevarlo también a un terreno personal, para lograr una mayor satisfacción en el trabajo y en la vida. Hoy en día ya se está perdiendo la timidez en el mundo de la empresa a la hora de hablar sobre la felicidad en el trabajo. Así que ¿Por qué no hacernos preguntas basadas en el 80/20, que tengan que ver con esto? Yo te propongo las siguientes:

En el tiempo que estás en tu trabajo ¿Sientes que eres feliz por lo menos el 80% de ese tiempo? Y en tu vida personal ¿Eres feliz el 80% del tiempo que pasas con tu pareja, hijos, familia, hobbies…? Si no es así, estarás de acuerdo en que quizá debes replantearte algunas cosas importantes.