Archivo de Septiembre 2009

El principio 80/20 post-vacacional

24 Septiembre, 2009

Por Javier Carril

En verano suelo tener más tiempo para leer. Y este mes he podido leer un libro interesante, y por otra parte muy conocido, “El principio 80/20”.  Creo que volver de nuestras vacaciones para afrontar el nuevo curso requiere de conceptos nuevos que puedan revolucionar nuestra aletargada mente. Y un buen concepto es el 80/20. ¿Y qué es? El principio afirma que hay un desequilibrio inherente entre las causas y los resultados, entre las contribuciones y los rendimientos, y entre los esfuerzos y las recompensas. Este desequilibrio se ha demostrado en numerosos ámbitos de la naturaleza, la economía y el mundo de la empresa.

¿Cuál es la idea clave? Que el 80% de nuestras acciones consiguen sólo el 20% de nuestros resultados. O que el 80% de nuestros resultados los logramos con tan sólo el 20% de nuestras acciones, o en el 20% de nuestro tiempo. Es decir, que hay una parte importantísima (el 80%) que es altamente improductiva e inútil. Si conseguimos identificar cuales son esas acciones o tareas que pertenecen a ese 20% altamente productivo, entonces podríamos dedicar más de nuestro tiempo y energía a esas tareas ¿No? Y por supuesto también podríamos dedicar el mínimo tiempo a las tareas pertenecientes al 80% inútil.

Nuestra efectividad se multiplica por 50 si aplicamos este principio a nuestro trabajo. Piensa, por un momento, qué tareas realizas en tu trabajo que no te aportan poco o ningún valor. Estoy convencido de que hay un porcentaje elevadísimo de estas tareas en tu día a día. Piensa, por otro lado, en cuales son las acciones que te proporcionan la mayor parte de tus resultados. Estoy seguro de que hay muy pocas de esas acciones altamente productivas.

Pero el principio 80/20 podemos llevarlo también a un terreno personal, para lograr una mayor satisfacción en el trabajo y en la vida. Hoy en día ya se está perdiendo la timidez en el mundo de la empresa a la hora de hablar sobre la felicidad en el trabajo. Así que ¿Por qué no hacernos preguntas basadas en el 80/20, que tengan que ver con esto? Yo te propongo las siguientes:

En el tiempo que estás en tu trabajo ¿Sientes que eres feliz por lo menos el 80% de ese tiempo? Y en tu vida personal ¿Eres feliz el 80% del tiempo que pasas con tu pareja, hijos, familia, hobbies…? Si no es así, estarás de acuerdo en que quizá debes replantearte algunas cosas importantes.

Vuelta a la Trampa

17 Septiembre, 2009

Por Fernando Giner

Se acabó para la mayoría de las personas el periodo de asueto (vacaciones) que el sistema concede a a las clases trabajadoras.La inmensa mayoría vuelve con las consabidas frases: vuelta a la rutina, se acabo lo bueno,  de nuevo al tajo, de nuevo al pie del cañón, a esperar otro año.

Estas frases no denotan nada bueno. No denotan una predisposición de ánimo y actitudes.  En primer lugar denotan un pesimismo enorme y en segundo lugar que se vuelve a un sitio al que, si se pudiera, no se volvería. A un sitio que nos repudia el estar.
En realidad que ¿son las vacaciones? Pues un periodo de tiempo en el que uno se aparta de aquello que hace habitualmente con la esperanza de hacer otra cosa que considera gratificante. ¿Para qué sirven las vacaciones? Para recuperarse. Si tu trabajo te cansa lo mejor que puedes hacer es cambiar de trabajo. Para distraerse. Si tu trabajo te aburre, cambia de trabajo. Para aprender cosas y formarse. Si en tu trabajo no te formas, cambia de trabajo.

Para escapar hacia un mundo y situación idílicos. Si necesitas escapar de tu trabajo lo mejor que puedes hacer es cambiar de trabajo.
¿A dónde quiero ir a parar? A algo muy sencillo. Para muchos mortales las vacaciones quieren que sean una válvula de escape que les permita huir de la presión, el tedio, el estrés o el  agobio al que les somete el trabajo. Huyen en busca de una felicidad y un bienestar que no tienen todos los días y que tampoco suelen encontrar en el periodo vacacional.

La inmensa mayoría de las personas no encuentra un trabajo, el trabajo les encuentra a ellos. Es decir no consiguen convertir en fuente de ingresos aquello que les apasiona, en muchas ocasiones porque ni siquiera saben que les apasiona.

De tal suerte que el trabajo se convierte en algo instrumental, soportable, en la medida que nos permite adquirir medios materiales (coche, casa, lavadora, formar pareja, tener niños.etc). Hasta que de repente un buen día se dan cuenta que no soportan el trabajo y buscan desesperadamente las vacaciones como medio de salida. Pero, ¡ay! hay que  seguir pagando la hipoteca, el colegio de los niños, la letra del coche. Por lo tanto hay que volver al trabajo que se detesta. De ahí las frases con las que acogemos el fin de las vacaciones.

Cuando uno es feliz con lo que hace, se siente plenamente realizado y satisfecho en su trabajo, las vacaciones no se ven como una salida o válvula de escape y los retornos son agradables e incluso deseados.
Pero por desgracia, según los expertos, solo un 10%-12% de las personas saben gestionar su proyecto de vida y por lo tanto “convertir su afición” en fuente de ingresos. Para estos el fin de las vacaciones no es una vuelta a lo desagradable. Al contrario, muchas veces el propio trabajo son vacaciones. De ahí que muchos de ellos hagan periodo muy cortos de interrupción de su vida laboral.

Para el resto, casi el 90%, el sistema les ofrece una salida por unos días, “las vacaciones”, pero concluidas estas tienen que volver a la trampa del sistema para seguir sosteniendo el sistema.
La felicidad, el bienestar está dentro de ti y debes encontrarlo en aquello en lo que haces todos los días, no en un hecho ocasional que se repite cada año, las vacaciones. De no ser así seguirás viendo las vacaciones como el instrumento que te va a sacar de tu cruda realidad. Pero concluido el periodo vacacional tu cruda realidad sigue ahí, no se ha ido. Y ala otro año más digiriendo bilis.

Nace una nueva disciplina: la “Sistemología emocional”

10 Septiembre, 2009

Por Ovidio Peñalver

Hay mucho escrito de emociones, menos de sistemas sociales y, casi nada, de emociones sistémicas.

Estoy seguro de que, como yo, notas la emocionalidad de los sistemas a los que perteneces. Y no sólo de estos, también de otros en los que eres invitado o a los que llegas de casualidad.

La sistemología emocional es la disciplina que estudia las emociones de un sistema. También podríamos hablar de una especialidad, con entidad propia, dentro del enfoque sistémico. Hablamos así de sistemas complejos humanos, en todas sus vertientes: familiar, organizacional, educativo, asociativo, deportivo y un largo etcétera de posibles sistemas sociales.

Es un campo de estudio transversal a muchas ciencias, ya que los modelos y teorías en los que se sustenta provienen de campos tan dispares como la psicología, la sociología, la antropología, la filosofía, la física, la geología o la biología. Se trata, por tanto, de un enfoque ecléctico e integrador de diferentes disciplinas. Los dos grandes focos de estudio son el sistémico y el emocional, centrándonos en la interacción e influencia mutua de ambos.

Esta nueva disciplina pretende ser científica, en el sentido de poder probar los principios y leyes en los que se sustenta de una forma rigurosa y seria. Este extremo debería ser compatible con atender y estar abiertos a cualquier idea o postulado que provenga de otras corrientes y tendencias que no sean las “oficiales” o imperantes del momento.
El objetivo de la sistemología emocional es mejorar la habitabilidad emocional y la calidad de vida de un sistema, para que evolucione y madure. Se persigue, en definitiva, que los sistemas sean emocionalmente más sostenibles y ecológicos.

La sistemolología emocional se ocupa tanto del aspecto más teórico de fundamentación conceptual, como de la parte más práctica y aplicada de intervención con herramientas concretas en los sistemas. Tanto la investigación como la aplicación se harán no sólo sobre sistemas “enfermos”, inmaduros o con problemas, sino para conseguir la máxima satisfacción posible y liberar lo más que se pueda el talento de un sistema, por muy sano y evolucionado que se encuentre. El enfoque será tanto clínico como positivo, orientado tanto a sistemas enfermos como sanos y con un fuerte acento en la prevención.

¿Te imaginas que algún día esta disciplina pase a formar parte del currículum y de la formación reglada de jueces, gestores de empresas, maestros, políticos y padres, entre otros muchos?, ¿No sería interesante que llegase a ser una asignatura de muchas carreras y estudios actuales?

¿Te imaginas que algún día fuera necesario “auditar” la sostenibilidad emocional de un sistema empresarial? No solo sus cuentas y si contamina o no, sino cómo favorece el desarrollo emocional de sus miembros…

Así quizá consigamos una sociedad emocionalmente más sostenible, madura y plena, donde prevalezca la autenticidad y la plenitud sobre la apariencia y la mediocridad. Y donde se generen las condiciones que permitan liberar al máximo el talento y las inquietudes que todos tenemos.

Si cada uno aportamos nuestro pequeño granito de arena, influyendo activamente en mejorar la emocionalidad de los sistemas a los que pertenecemos, mejoraremos el mundo. ¿No es este un gran reto, querido amigo?

Para más información puedes consultar el libro Emociones colectivas: La inteligencia emocional de los equipos, publicado por Alienta en 2009.

El coaching para abogados, de la terapia a la aportación de valor

2 Septiembre, 2009

Por Paula Fuentes Bueso

“No corras ve despacio, donde tienes que ir es a ti solo”
Juan Ramón Jiménez

El sector de la abogacía en España ha evolucionado a pasos agigantados en los últimos quince años. El cambio se ha producido como una necesidad de adaptación a las circunstancias que se iban sucediendo: globalización, crecimiento de la economía, del número de despachos,  del número de abogados, especialización, y profesionalización del sector, entre otras.

Han sido unos años en los que, primero como abogados de Despacho y después como Cazatalentos especializado en el sector, hemos vivido la incorporación de los bufetes al mundo del marketing, la adopción decidida de las tecnologías de la información, la entrada de despachos nuevos y la internacionalización de los ya existentes, alianzas entre pequeñas firmas, y la laboralización de los profesionales del Derecho.

Los bufetes tradicionales  han dado paso, por así decirlo, a las empresas legales, que necesitan diferenciarse unas de otras en la calidad en la prestación de sus servicios y  la eficacia y flexibilidad en la resolución de los asuntos. Los abogados han tenido que adaptarse para trabajar en un entorno de alta competencia: toma de decisiones bajo presión, horarios maratonianos, sobrecarga de trabajo, equipos que varían en función de los asuntos, y nuevos jefes de perfil más ejecutivo.  El profesional de servicios jurídicos que triunfa hoy es aquel que hace buenos papeles, y  es bueno gestionando sus actitudes frente a los equipos y frente a los clientes.

En nuestra experiencia de catorce años como proveedores de servicios de Executive Search a los abogados y entrevistador de estos profesionales, hemos experimentado en primera persona la dificultad de alguno de mis interlocutores para encontrar tiempo para una reunión, y para conseguir que sus equipos alcancen los objetivos. También, en no pocas ocasiones, hemos observado falta de motivación,  y mucho profesional  “quemado” y sin ningún animo de continuar en este negocio. Aunque en prácticamente todas las empresas se habla de la importancia de los profesionales, de conseguir lo mejor de ellos  y de la mejora del desempeño, alcanzar la mejoría no es posible “sin adoptar un estilo gerencial basado en el Coaching” – Sir John Whitmore.

El coaching es una técnica  revolucionaria  de desarrollo del potencial humano basada en preguntas, que persigue facilitar y aflorar las respuestas a los problemas que están dentro de las mismas personas (definición de la Escuela Europea de Coaching). Es una transformación en el ser, no en el hacer. “La mejor manera de HACER es SER”  -Lao Tse.

Si esta técnica se aplica a la empresa, lo que se consigue es optimizar y mejorar los desempeños en la actitud de los profesionales, en la conducta gerencial y en la estructura empresarial para poder sobrevivir en estos mercados competitivos en los que nos ha tocado vivir. Sir John Whitmore habla de un nuevo estilo empresarial, donde ya no es necesario satisfacer al jefe sino complacer al cliente, la jerarquía da paso al apoyo, el cambio dejar de ser temido, sino bienvenido.

En las facultades de Derecho no se aprende gestión, por lo que muchas veces la primera experiencia de gestión de un equipo que tiene un profesional se produce cuando asciende a la categoría de Asociado. En entornos jurídicos, nos encontramos con varias dificultades a la hora de entender los beneficios del coaching; los abogados suelen ser “pudorosos” a la hora de mostrar debilidades, les parece complicado entender que es posible modificar conductas si se contemplan desde otro punto de vista, y todavía más complicado aceptar que es un tercero el que les va a “ayudar”.

Sin embargo, si fuesen capaces de ver el coaching en términos de rentabilidad empresarial a futuro, todo cambiaría. Son actuaciones cuyos resultados pueden no ser inmediatos: como la mayoría de los cambios en las empresas que responden a un modelo de estrategia empresarial, sus efectos se perciben en el largo plazo. El “coach” trabaja con el coachee de forma estructurada y con un procedimiento que consiste en un número X de sesiones, de entre una hora a una hora  y media de duración, en las que se profundiza en aquéllas creencias y circunstancias que de alguna forma lo están limitando, ofreciéndole otras perspectivas que le dan la posibilidad de superar las dificultades.

Si hablamos en términos de beneficio real para la empresa, es evidente que los despachos, donde no dejan de darse situaciones de estrés, culpa, ausencia de delegación, incapacidad para retener talento, falta de calidad del trabajo y desmotivación de los profesionales responsables del mismo, son un terreno abonado para la aplicación del “coaching”, ya que con él se consiguen grandes avances en el desempeño personal del día a día:

  • Gestión de la relación de los abogados con sus colegas y clientes
  • Retención de talento
  • Aprendizaje de la Delegación
  • Mejora de la comunicación
  • Desarrollo de habilidades de negociación
  • Superación de las dificultades entre la  conciliación de la vida profesional    y personal
  • Clarificación de los objetivos que se deben cumplir para avanzar en la carrera profesional
  • En la gestión de su productividad/gestión del tiempo
  • En gestión de equipos/aprender a comunicar, delegar y saber llevar y ayudar a profesionales buenos técnicamente hablando, pero difíciles

Todas estas áreas de mejora inciden de forma directa en el negocio del despacho: los abogados serán mas eficaces a la hora de conseguir clientes; se conseguirá de ellos eficiencia y motivación, en vez de profesionales “fundidos” por una gestión mal entendida; podrán contemplar cambiar de práctica y trabajar de forma más eficaz, aprovechando mejor el tiempo; aprenderán a delegar y así rentabilizar el binomio trabajo/tiempo. En definitiva,  al estar más motivados, trabajaran con mas calidad, de forma mas eficaz y  aumentarán la productividad y con ello los beneficios reales del despacho.