Archivo de Marzo 2009

Revolutionary Coach

24 Marzo, 2009

Por Javier Carril

Si no has visto la película Revolutionary Road, te la recomiendo. Porque refleja perfectamente el precio que pagamos por no perseguir nuestras metas: el deterioro de nuestra vida, de nuestra carrera profesional y de uno mismo.

 El protagonista es uno más entre un millón, un ejecutivo medio que trabaja en una gran compañía, pero está totalmente desmotivado y se ha olvidado de sí mismo. Es su mujer quien le recuerda quién puede llegar a ser, porque sí sabe quién era cuando lo conoció. Y ese momento del filme es especialmente importante, porque ella se convierte en un excelente coach de su marido. ¿Y qué es lo que hace? .

 Sencillamente, creer en su marido, y transmitírselo. Hacerle creer que es posible cambiar y dedicarse a su verdadera vocación. Entonces, el marido empieza a sentir algo dentro de sí mismo, comienza a creer en su verdadero potencial, en su fuerza, y la expresión de su rostro cambia radicalmente. Incluso, a causa de ese estado especial de ilusión y despreocupación, toma una decisión arriesgada, que no hubiera tomado nunca en su anterior estado anímico. Y esa decisión, sorprendentemente, es muy valorada por sus superiores, lo que hace que le propongan un increíble ascenso en la empresa.

 La conclusión es que si dirigimos personas en nuestras empresas, debemos ver esta película. Debemos fijarnos especialmente en cómo se transforma una persona cuando se siente valorada, ilusionada y sobre todo, cuando siente que confían en ella, que creen en su enorme potencial. Esa persona que quizá hemos pensado en despedir se puede convertir en nuestro mejor aliado, en un valioso colaborador de nuestro equipo. Y este cambio lo podemos provocar nosotros.

 Para ello, es imprescindible tener las habilidades de un coach. Hoy el liderazgo pasa por ser un auténtico coach de nuestros colaboradores. No vale la jerarquía, no vale el “ser jefe”, no vale el autoritarismo. Sólo se puede lograr el máximo de las personas que trabajan en nuestro equipo escuchándolas de verdad, tratando de comprenderlas, preguntándoles por su estado de ánimo, por sus inquietudes, por sus necesidades, por sus objetivos. Y esto se puede aprender y entrenar.

 El coaching está ya influyendo de manera decisiva en la forma de gestionar personas en la empresa. Por eso hablo de Revolutionary Coach. Porque no es una simple moda en los departamentos de Recursos Humanos, es una auténtica revolución.

¿Eres un profesional de suerte?

16 Marzo, 2009

Por Basiliso Colmenero

Dicen que Napoleón, cuando tenía que nombrar un nuevo general, siempre les hacía la misma pregunta: “¿Usted se considera que es un hombre de suerte en la vida?” La pregunta tiene su miga.

En mis procesos de selección de directivos uso una frase similar, casi una muletilla, para referirme de alguna manera al mismo tema: “¿cómo te ha tratado la vida?”. La persona que dice estar satisfecha de cómo le ha tratado la vida, la que dice que ha tenido suerte a lo largo de su vida nos está diciendo implícitamente, y creo que inconscientemente, cuando menos tres cosas.

Primero, que es una persona satisfecha consigo misma, con lo que es y con lo que ha conseguido, positiva, es decir, no es una persona resabiada con la vida, no es un frustrado.

Segundo, que tiene cosas, es decir logros y éxitos de las cuales está en deuda con “la vida”, con “la suerte”.

Y en tercer lugar, que tiene la humildad de reconocer de que lo que tiene, lo que es y lo que ha conseguido no sólo se lo debe a su esfuerzo y a su valía personal, sino también a una serie de circunstancias que lo han hecho posible.

Por tanto, tres valores de capital importancia que lo acreditan como candidato válido al “generalato” militar o empresarial: El valor de la autoestima, motivación, equilibrio personal. El valor de los logros y consecuciones demostrados y, finalmente, el valor de la humildad, del que se sabe que él no lo es todo, ni lo puede todo, del que reconoce que necesita de los demás, del equipo y de las circunstancias que le rodean para alcanzar lo que se propone.

Y es que eso que llamamos “suerte en la vida” (no me refiero a la suerte de quien recibe un premio en la lotería) en el fondo, fondo no es otra cosa que el resultado del trabajo bien hecho, del esfuerzo y de la dedicación.

Cuando Larry Bird encestó aquella maravillosa canasta que le dio la victoria a su equipo en el último segundo frente a los Lakers y alguno de los periodistas le felicitaba por la suerte de haber encestado desde el otro lado del campo en el mismo momento en que sonaba el final del partido, Larry le contestó: “Es cierto que he tenido mucha suerte. Es más, me estoy dando cuenta que cuanto más trabajo y entreno este tipo de tiros, más suerte tengo”.

Todo se ve oscuro

14 Marzo, 2009

Por Fernando Giner

Los tiempos inmediatamente venideros sean tal vez tan oscuros como los actuales, es posible. Todo está inundado de pesimismo. Es duro ver como “una forma de vida” posiblemente se desmorona.

El capitalismo de tanto en tanto da unas sacudidas tremendas, ya ocurrió con la crisis del 29 y si no recuerdo mal con la de los tulipanes en Holanda, allí por el siglo XIV.

Pero cada vez que esto ocurre, después de una prolongada sequía, el capitalismo surge con mayor fuerza y renovado. Esta vez es posible que ocurra lo mismo. Y es posible que demos luz “por fin” a la denominada sociedad de la información y el conocimiento.

Lo más duro, en los momentos actuales es ver como todo se cae y resistirse a reconocerlo. Resistirse a entender que:

1. En efecto todos somos más pobres ahora que hace un  año, algunos mucho más que otros.
2. Algo profundamente está profundamente tocado en este sistema o modo de vida global.
3. Que lo que empezó como crisis financiera se contagió a la economía real y esta revuelve su contagio a la economía financiera, posiblemente sumiendo con ello a la economía real en un mayo hoyo
4. Que las medidas, por cierto, muy similares en todo el mundo, y a mi entender un tanto trasnochadas no están dando ningún resultado

¿Qué hacer entonces? Suicidarse. No ni mucho menos. Hay luz al final. Siempre y cuando seamos capaces, todos, empresas, gobiernos y personas, de reconocer abiertamente que esto ha cambiado profundamente y que somos más pobres, lo que nos llevará drásticamente, entonces posiblemente a:

• Reconocer nuestra mayor pobreza
• Actuar en consecuencia. A nivel de personas proceder a reajustes a la baja en forma sería
• A nivel de la economía en general a un reajuste drástico de precios a la baja
• A nivel de empresas a reajustes serios de bajada de salarios, pero todos, los directivos los primeros. Adiós a los bonus y a los sueldos millonarios
• A los estados, especialmente al español, a revisar seriamente su funcionamiento, reducir la clase funcionarial y re-estructurar su organización, volviendo si es necesario a formas más centrales y menos despilfarradoras

Siempre hay luz al final, pero pasa siempre por reconocer de forma muy seria y asumir la situación real actual, y de eso la verdad se ve poco. Todos confían en las medidas milagro de los tiempos de Franklin Delano Roosevelt, que por ciento no fueron las que salvaron la crisis del 29.

Espejito, espejito, dime…

4 Marzo, 2009

 Por Mª Angeles Romeo

¿Recordáis el cuento que muchos de vosotros habréis contado mil veces a vuestros hijos?.

Y cada día por la mañana ante el espejo, primer encontronazo con nosotros mismos, somos capaces de repetirnos esta letanía que no por repetida nos hace ni mejores ni peores, ni nos rejuvenece, ni nos elimina esas arruguitas que van apareciendo; nos reconocemos cada día sin más, hemos ido asumiendo esos cambios imperceptibles diariamente, pero evidentes con el paso del tiempo. Aún así, ese reconocimiento de uno mismo y su imagen en el espejo, nos hace regresar al mundo real, tras el sueño reparador de la noche.

Sorprende reconocer un día cualquiera a un antiguo compañero del Cole, o vecino de la casa de tus padres, o compañero de la Universidad … Y digo reconocer, a pesar del tiempo transcurrido, ese habitual compañero de viaje, que transforma, deforma y desdibuja. Pero sí, los reconocemos y nos reconocen, a veces con el olvido del nombre de pila, como se decía antiguamente, el que te puso el cura en la pila bautismal, pero sí con el recuerdo de anécdotas, situaciones y experiencias compartidas.

Hoy es muy de agradecer, por infrecuente, que algunas de las compañías de este país, a pesar de la crisis y de todos los factores en contra, mantengan sus objetivos de desarrollo de sus Recursos Humanos. Que invierta en Assessment/Development Centres que, dirigido por Consultores Expertos y Externos, les puedan transmitir la imagen que ofrecen, para de este modo potenciar sus puntos fuertes y detectar las áreas de mejora en la que pueden trabajar para desarrollar.

Pero sorprende que, un agraciado con una inversión rica en contenidos y posibilidades de futuro, rechace la oferta del beneficio seguro que ofrece. El beneficio, que no monetario, no es otro que una sesión de Feedback, que tiene por objetivo comunicarle al interesado/agraciado la imagen / la foto que ha dado, y que, cual si del espejo se tratase, pueda verse, tal y como le reconocen los demás y además, al tratarse de un espejo mágico, le brinda las posibilidades de perfilarle el rictus, hacerle más armonioso, ampliar su sonrisa, dulcificar su mirada y moldear sus muecas, de tal manera, que le sea más fácil decir: “voy a tener un buen día” y al encontrarse con un antiguo compañero, éste vea que la vida le ha sido favorable y que le reconoce con mejores atributos de los que encontraba en su memoria.

Rechazar asistir a una Sesión de Feedback, normalmente aduciendo falta de tiempo y agenda, puede presuponer negarse al autoconocimiento, y por tanto a una ineficiente autogestión, que a su vez nos limita la capacidad para gestionar a los demás y con ello nuestra capacidad como líderes, sobre todo si es precisamente eso lo que manifestamos querer hacer en nuestro futuro profesional.

Nuestras posibilidades profesionales de futuro, no están solo en manos de las empresas en las que trabajamos, es nuestra obligación no solo pensar qué está haciendo o qué puede hacer la empresa por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por nuestra empresa, y eso pasa primero por preguntarnos ante el espejo, qué puedo hacer yo por mí mismo.