Archivo de Febrero 2009

Tres frases para triunfar

20 Febrero, 2009

Por Elena Méndez Díaz-Villabella

“Yo no he sido”, “Ya estaba así cuando lo encontré” y “¡Qué buena idea jefe!”. Son las tres frases más importantes que Homer Simpson enseña a su hijo Bart para que le vaya bien en la vida.

… y parece que Homer no va muy descaminado, porque en estos tiempos de fraudes piramidales varios, crisis económicas  y terminología “subprime”, nos encontramos en el entorno político y económico, con un uso recurrente de las dos primeras frases.

¿Cómo es posible que esta bola de despropósitos haya crecido de esta manera?, ¿algún responsable?: ”yo no he sido”, “ya estaba así cuando lo encontré”… y aquí paz y después gloria. Parece ahora que todo el mundo lo sabía pero nadie decía nada y la bola seguía creciendo.

Quizás, también tenga algo que ver la 3ª frase que Homer propone a su hijo: “¡Qué buena idea jefe!”.  Porque a ver quién iba a ser el listo, que en pleno ciclo de crecimiento económico y beneficios, iba a aguar la fiesta y confrontar decisiones ciertamente arriesgadas, a pesar de que el sentido común y todo el mundo veía claramente que ésto tenía fecha de caducidad.

A menudo en las organizaciones, vemos el beneficio que le sacan algunos a la adulación del jefe y a no contradecirle sea lo que sea que diga o que haga. Si ésto ya pasaba en los buenos tiempos, mucho más en tiempos de ERE´s, porque cuando uno teme quedarse sin trabajo, ¿quién le lleva la contraria al jefe?.

Como anécdota, hace poco trabajando con un directivo en un proceso de coaching, en él que tenía que mejorar claramente la gestión y organización de su equipo, decidió como punto de partida, preguntarle a su equipo qué comportamientos concretos creía su equipo que tenía que mejorar. La contestación de todos fue unánime: “¡qué dices jefe! si tú gestionas muy bien”… en fin, malos tiempos también para el feedback.

Decía Baltasar Gracián: “No es la ingenuidad para tiempo de tanta malicia”.

La vida sería imposible si todo se recordase

17 Febrero, 2009

Por Mª Angeles Romeo

“El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse”, Roger Martin de Gard

Estamos de lleno en el crudo invierno, ¿recordaban un invierno tan frío?, nevadas, hielos, lluvias heladoras, vientos huracanados, olas inmensas. ¿Pueden recordar ahora el calor que pasamos el mes de Julio pasado, con restricciones de agua, aires acondicionados a la máxima potencia?.

Que fácil resulta centrarnos en el momento, en el aquí y en el ahora, sin más. En el frío que tenemos, las dificultades en la carretera, … Queremos resultados inmediatos, recetas fast-leadership, enfoques únicos, culpar al temporal que arrecia fuera de nuestra situación y de nuestros males.

Las personas, todos nosotros, sentimos que estamos en invierno; pero las empresas también. Y esa entelequia que denominamos empresas, compañías, organizaciones, no son más que el conjunto de un grupo, más o menos grande, de personas que transmiten, manifiestas y exhiben comportamientos, y un conjunto de comportamientos viene siendo denominado “carácter”, y, a veces, “estados de ánimo” .

Parece como si todo lo que hicimos el pasado verano lo hubiéramos olvidado, que todas las lecciones de liderazgo, gestión de personas, desarrollo de equipos, motivación, habilidades de comunicación…, que con tanto esfuerzo, dedicación y sabiduría nos impartieron nuestros múltiples facilitadores, moderadores, formadores y consultores, no obedecía más que a una moda, como tal pasajera y solo “ponible” en el momento, que se ha quedado desfasada.

Este invierno, hemos abandonado nuestras finas telas, nuestros vivos y llamativos colores, para regresar al oscurantismo, a los malos modos, a las palabras altisonantes, a las amenazas, a la presión; vuelve el estilo más habitual de liderar, mejor dicho de “mandar hacer”.

En este frío y polar invierno que recorre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestro trabajo, debemos más que nunca recordar las enseñanzas, de este modo conseguiremos mantenernos a flote, permanecer, estar en primera línea de playa para cuando regrese el verano, para así  generar confianza, en uno mismo y en los demás, para el compromiso; en definitiva, tenemos que seguir ACTUANDO, seguir INTERACTUANDO, en lugar de hibernar o refugiarnos en las trincheras de invierno, paralizados por el frío y el temor del día siguiente. Sigamos trabajando, creando, innovando, buscando alternativas. Yo no deseo quedar sepultada por la nieve de la próxima nevada ¿y Ud?.

¿Cuánta confianza generas?

12 Febrero, 2009

Por Javier Carril

Se ha dicho que la crisis económica que nos está sacudiendo es, en realidad, una crisis de confianza. Stephen M. R. Covey,  hijo del famoso autor de “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” y uno de los mayores expertos del mundo en liderazgo, ha publicado el libro “La velocidad de la confianza”, en el que destaca el enorme valor de la confianza, no como mero sentimiento o emoción, sino como un arma para acelerar los negocios, el crecimiento de una empresa, la solución de una crisis mundial e incluso nuestra carrera profesional.

Coincido plenamente con Covey en la importancia de generar confianza en los demás, dentro de tu ámbito profesional, con el fin de obtener ascensos profesionales, conseguir un proyecto de un cliente importante o lograr llevar a un equipo a sus más altas cotas de motivación y responsabilidad. Sí, la confianza genera muchos beneficios. Pero ¿Se puede hacer algo para generar confianza?

Pienso que quien pretenda encontrar fórmulas o técnicas para generar confianza, está totalmente equivocado. La gente percibe, aunque sea inconscientemente, la falta de autenticidad, de sinceridad. Y esta detección, inmediatamente, pone una coraza que distancia a la persona y destruye la confianza.

Para generar confianza, en primer lugar, hay que confiar en los demás. No hay otra vía. Si primero no nos abrimos, difícilmente podremos exigir que los otros se abran. En la mayoría de las ocasiones, tendremos que dar sin esperar recibir nada a cambio. Para ello, la mentalidad cortoplacista es una gran enemiga de la confianza, porque busca siempre recibir un beneficio inmediato.  Estoy convencido de que lo que damos, a la larga, lo recibiremos multiplicado. Pero esto no lo puede demostrar nadie, simplemente es cuestión de creer o no creer.

El segundo requisito es el cumplimiento de nuestros compromisos. Si prometemos acciones o decisiones y luego nos echamos atrás, justificándonos o poniendo excusas, la confianza que generamos irá deteriorándose.

La tercera vía para generar confianza es, como diría Covey padre, tratar de comprender antes de intentar que nos comprendan. Y eso pasa por escuchar a los demás con una verdadera intención de entender el punto de vista y los valores de la otra persona.

Y ahora, me gustaría preguntarte ¿Cuánta confianza generas en tu equipo, en tus superiores, en tus colegas…? ¿Eres transparente? ¿Confías en ellos? ¿Cumples siempre tus compromisos? ¿Tratas de comprenderlos o primero intentas hacerte comprender?.

Lecciones de cine

9 Febrero, 2009

Por Fernando Giner

El cine es el único laboratorio que tenemos aquellos que nos dedicamos a la formación de personas. Es un magnífico instrumento para aprender comportamiento humano y de gestión de personas. Esta semana he visto dos películas excepcionales, de esas que te vuelven a reconciliar con el cine. Se trata de La Duda y Revolutionary Road.

La Duda. Con unos valores cinematográficos excepcionales pone de manifiesto lo que “los chismorreos”, los bulos, la difamación pueden hacer. Si te difaman date por muerto. ¿Qué podemos aprender?

Hay estilos directivos opuestos que pueden llegar al enfrentamiento y destrucción.

o La hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep). Directora del colegio San Nicolás. Directiva de mano de hierro, autoritaria, al viejo estilo. Las cosas no pueden cambiar ni moverse. El colegio debe permanecer impasible al cambio de los tiempos.
o El padre Flynn (Philip Seymour Hoffman). Un sacerdote empático, amable, agradable de trato, que se da cuenta que los tiempos cambian y por lo tanto el estilo de dirección tiene que cambiar. Hay que ser más tolerante, más comprensivo, dialogante.

El odio y la incomprensión. La hermana Aloysius no entiende no comprende al padre Flynn. Quiere que desaparezca de su vida y que mejor cosa para ello que destruirlo.

Se crea un bulo una difamación. La hermana Aloysius, en base a hechos circunstanciales y que le confieren una certeza moral, teje una trama de difamación: el padre Flynn abusa sexualmente de un alumno negro (Donald Millar), al que presta bastante atención y apoyo.

Tienes clara la meta. El todo vale. La madre de Donald (Vila Davis) mantiene una conversación con la hermana Aloysius. La madre de Donald tiene claro lo que quiere para su hijo. Que salga del gueto en el que está y para ello tiene claro que acabar en el colegio en el que está le permitirá poder ir a un instituto de prestigio y luego a la universidad y si un cura, que le está ayudando para que recorra ese camino, abusa esporádicamente de él, no pasa nada, entre otras cosas por el hecho de que Donald ya ha dado síntomas de homosexualidad, por eso le propina palizas su padre.

El padre Flynn contraataca con un sermón sobre los chismorreos. Una persona se confiesa con un cura y le dice, padre he practicado chismorreos ¿es eso malo? Sí le dice el confesor. Rezaras un padre nuestro. Qué bien dice la pecadora. Un momento, no tan deprisa le dice el confesor. Antes irás a tu casa cogerás una almohada subirás al tejado y la rajarás con un cuchillo. Luego vuelves y me lo cuentas. Así lo hace la pecadora. Este le pregunta ¿qué ha pasado cuando has rajado la almohada? Oh! Padre miles de plumas se han esparcido por el aire. El confesor le dice: pues ahora vas y las recoges una a una. Ella responde eso es imposible padre.

Cuando no tienes muy claro si podrás ganar la batalla tal vez lo mejor sea poner tierra por el medio, a fin de no perjudicar a otros. El padre Flynn opta por pedir el traslado.

Un proceder no correcto te pude acabar destruyendo por dentro. La hermana Aloysius sale vencedora. Pero la no certeza, la no prueba de que ha obrado correctamente acaba por destruirla, por hundirla.

Ten cuidado, observa, percátate de las conductas hacia a ti de todos los que tienes próximos, puede que tu forma de ser no les sea agradable o acorde con su forma de pensar y ser. Entonces ojo, puedes estar en peligro, un chismorreo puede estar creciendo en tu entorno.

Bueno de Revolutionary Road os hablo otro día.

Por un paquete de galletas

5 Febrero, 2009

Por Elena Méndez Díaz-Villabella

Una chica estaba en la sala de embarque de un aeropuerto. Mientras esperaba la salida de su vuelo, compró un paquete de galletas, el periódico y se fue a sentar a un rincón tranquilo para leerlo. Un señor se sentó a su lado y abrió su libro. Entre ellos estaba el paquete de galletas. La chica cogió una galleta y entonces el señor también tomó otra. Ella se quedó sorprendida, pero no le dijo nada. Cuando ella acabó su galleta y cogió otra, él tomó otra de nuevo, y así sucesivamente.

La chica estaba indignada, no se lo podía creer, ¡vaya caradura! ,¡era su paquete de galletas! ¡cómo se atrevía aquel señor, de una forma tan desvergonzada, a cogerle SUS galletas!. Cuando sólo quedaba una galleta, el señor la partió y cogió una de las mitades. ¡Era el colmo!. Estaba tan enfadada que se levantó bruscamente y se fue a otra parte de la sala porque estaba a punto de montar una escena.

Cuando entró en su avión y se sentó, al buscar en el bolso su móvil para apagarlo descubrió su paquete de galletas, ¡cerrado y sin abrir!… ¡Qué vergüenza!, fue entonces cuando se dio cuenta de que era ella quién había estado comiendo del paquete de galletas de aquél señor. ¡Qué metedura de pata!, ¡qué equivocación!. Además del bochorno, se dio cuenta de que aquella persona le había dejado a ella comer sus galletas sin enfadarse, ni alterarse, y que incluso le había dejado la última mitad. Pero ya no le podía dar ninguna explicación ni pedirle disculpas.

Esta es la historia que yo leía en una revista hace poco, precisamente también mientras yo me encontraba esperando un avión, y no sé si es que además todavía me dura el espíritu navideño, pero al leerla me hizo sonreír y pensar, ¿cuántas veces sacamos conclusiones precipitadas, cuando lo que deberíamos es prestar más atención a la realidad que nos rodea?, ¿cuántos conflictos hemos creado que ya no podemos solucionar?.

Esta historia me recordó lo que algunos autores llaman el enfoque único, que consiste en que creemos que la realidad es tal y como yo la veo y que ésa es la única verdad, la “verdad verdadera”. Mientras que tener un enfoque múltiple sería defender nuestras posturas, juicios y valoraciones, teniendo en cuenta que la forma como nosotros vemos y percibimos la realidad no tiene por qué ser igual a cómo la ven los demás, porque no hay una verdad absoluta. 

Creo que a todos nos vendría muy bien un poco de enfoque múltiple en nuestras vidas, empezando por las pequeñas conversaciones que todos los días mantenemos en nuestro trabajo o nuestro entorno personal.