Archivo de Febrero 2008

Una inyección contra los malos recuerdos

29 Febrero, 2008

Por Carmen Morales

Recientemente, realicé un repaso a mi archivo informático de artículos de interés y encontré, en la carpeta “otros” -aquellos que no se ajustan a ninguna otra categoría- “Una inyección contra los malos recuerdos”. Un título tan sugerente captó mi atención de inmediato, si bien  su lectura me resultó algo decepcionante porque no era una metáfora sino una realidad. El artículo continuaba: Científicos norteamericanos prueban con éxito un fármaco que destierra de la mente los traumas del pasado.  Se trata del último medicamento del «bienestar», un negocio que mueve 25.000 millones de euros al año.

Desgraciadamente, en ocasiones se producen situaciones extremas que acarrean estrés postraumático difícil de superar. Por ejemplo, alguien que haya sufrido una violación o se haya visto envuelto en un accidente con víctimas mortales quedará marcado de por vida y posiblemente tenga pesadillas, esté angustiado y no consiga hablar del tema y mucho menos superarlo.

El artículo señala que dicho fármaco –propanolol es como se llama- se lleva utilizando desde hace 20 años con éxito en los tratamientos de contra la ansiedad. Disminuye las palpitaciones y reduce el nivel de temblores, sin embargo el artículo comenta que ahora en España no sólo se emplea en los episodios traumáticos, sino también en las situaciones menos intensas pero repetitivas de la vida cotidiana. «En los periodos de exámenes el medicamento se usa muchísimo, los opositores suelen necesitarlo» (sic). 

No pretendo en absoluto polemizar sobre la industria farmacéutica ni poner en cuestión los avances médicos, nada más lejos de mi intención. Quiero simplemente comentarles que el aprendizaje surge precisamente del manejo de las circunstancias de nuestra propia realidad, positiva y negativa, y la superación de lo negativo. Vivimos en una “sociedad del bienestar” donde, de manera indiscriminada, todo lo negativo o lo que nos incómoda se elimina, quedándonos exclusivamente con las buenas experiencias, con la gratificación inmediata.

 ¿Se imaginan? ¿Que me voy a examinar del carné de conducir y me pongo nervioso?, me tomo el fármaco. ¿Que mi jefe me pide un informe y me produce ansiedad?, me tomo el fármaco… Es tentador recurrir a este tipo de paliativos, a veces el dolor de una situación de este tipo no es medible ni comparable, pero ¿qué pasa con el resto de recuerdos asociados? ¿Se borran también, como con el artilugio empleado por Tommy Lee Jones y  Will Smith en Man in Black?  ¿Cómo superamos estas situaciones, cómo vamos a poder aprender de nuestros errores y conocer nuestros propios recursos? 

Chris Brewin, profesor de Psicología Clínica de la University College de Londres va un paso más lejos y asegura que «al fin y al cabo las reacciones al miedo están ahí para proteger a las personas del peligro en el futuro». Menos mal.

¿Para qué vas a trabajar cada día?

21 Febrero, 2008

Por Javier Carril

Este domingo, leí una entrevista interesante al consultor y asesor Alex Pattakos, en   Expansión & Empleo, referido a la necesidad de los profesionales de encontrar un sentido a su trabajo. Concretamente, Pattakos ha aplicado al mundo empresarial las teorías del famoso psiquiatra Victor Frankl, que sobrevivió  a circunstancias extremas, tras pasar varios años en los campos de concentración nazis de Auschwitz y Dachau. 

Lo que Frankl aportó al mundo del desarrollo personal y a la terapia fue la necesidad de todo ser humano de encontrar un sentido a su existencia. ¿Me estoy poniendo demasiado profundo? Puede que sí, sin embargo es un tema clave cuando lo trasladamos al mundo laboral. Si un profesional no siente que su trabajo está aportando algo valioso y útil a alguien o a algo (sea sus clientes, sea la sociedad…) nunca se sentirá satisfecho, y mucho menos realizado en su trabajo. Y por ende, su motivación y productividad caerán en picado a velocidades supersónicas. 

Es verdad que es difícil encontrar un verdadero sentido al trabajo que hacen miles de profesionales, en compañías donde no hay una visión ni una misión clara y nítida, en empresas donde el único objetivo es el de ganar dinero, sólo dinero. No obstante, ahí está la clave: cada persona es responsable de dónde está, de lo que tiene, lo que hace y lo que es en el momento presente. Y cada persona es responsable de cambiar lo que no le guste de su situación profesional. Si está trabajando en una empresa donde siente que su trabajo no es valioso ni útil, debe moverse de allí inmediatamente. 

La pregunta clave que invito a hacer al lector es la siguiente: “¿Para qué va a trabajar cada día?” La preguntita no es cómoda precisamente, pero reflexionar sobre ella profundamente y tratar de darle respuesta honesta es uno de los avances más importantes que puede dar en su vida profesional y personal. ¿Sirve para algo su trabajo? ¿Considera que con su trabajo está cumpliendo el sueño de su vida? ¿Aporta algún sentido su profesión a su vida y a sí mismo?  

Si quiere dar lo mejor de sí mismo, si quiere disfrutar realmente de su trabajo, pregúntese: ¿Para qué?

Febrerillo “el loco”

15 Febrero, 2008

Por Basiliso Colmenero

El seguimiento de la rutina, el mantenimiento del “statu quo”, el sometimiento a los cánones y formas sociales tiene sus ventajas. ¡Qué duda cabe!

Yo digo que suponen un ahorro de energía y esfuerzo importantes. Lo opuesto habría sido agotador. En el juego de la rutina no necesitamos hacer una obra de arte de cada comportamiento, es simplemente un dejarnos llevar.

 Eso, además, hace que no produzcamos perturbación, inestabilidad o crisis en nuestro entorno: nos comportamos como los demás esperan que nos comportemos, les “encaja” nuestra conducta y todo va “como la seda”. 

También es verdad  que, si siempre el comportamiento de la humanidad hubiera sido así, no hubiera habido progreso, continuaríamos con aquellas conductas que se mostraron exitosas para cubrir nuestras necesidades primarias y ahí nos habríamos quedado.

 A Febrero lo llaman el “loco”; ni más ni menos porque rompe con la monotonía: sí, es un mes que se encuentra en la estación invernal, pero no sigue la rutina de la estación;  días absolutamente primaverales, e incluso en algún caso veraniegos, se alternan con otros de duro invierno con los fríos y heladas que le son propios.

 Es verdad que es sorpresivo pero por ello mismo le da una frescura y valor especial al día o días inesperados de primavera o esos otros días ventosos y otoñales que nos regala este més y a los humanos nos despierta del letargo invernal. 

Os invito en este mes a que consumamos también nuestra ración de “locura”: replanteémonos con ojos críticos algunos de esos comportamientos, formas de hacer y formas de relacionarnos que llevamos tiempo y tiempo haciendo de forma rutinaria. Inventemos unas nuevas y más “originarias” forma de hacerlo. “Originarias” en el sentido de se construyen a partir de volver al origen, a la raíz de plantearnos el porqué y el para qué. 

Tengamos por seguro que eso nos va suponer una sacudida personal, un rejuvenecer, un  cargar pilas y quitarnos el polvo que poco a poco el paso de los días ha ido depositando en nuestra forma de hacer y de relacionarnos.

 Veréis cómo esa revitalización personal se trasmite a  nuestro entorno y los que nos rodean acabarán “contaminados” por esos nuevos aires frescos.  

Me estoy preguntando si el día de San Valentín no está puesto en mitad de Febrero justamente para reavivar y revitalizar nuestro plano afectivo… (¡?¡!¿)

El techo de cristal

10 Febrero, 2008

Por Elena Méndez Diaz-Villabella 

Bueno, en menudo jardín me meto ¿verdad?… 

Uno de los argumentos principales que se ha utilizado para explicar que no hubiera más mujeres en los principales puestos, era que no había demasiadas mujeres en las posiciones intermedias, o lo que los anglosajones llaman “el embudo”. Este embudo parece que se va llenando, por lo que según este razonamiento sería cuestión de tiempo que las mujeres fuesen avanzando.

 Sobre “el embudo” o “pipeline” que dicen los americanos, la Academy of Management’s Perspectives ha publicado recientemente un estudio: “The Pipeline to the Top: Women and Men Executives in U.S. Corporations”, en el que presentan un análisis sobre este tema con datos sobre los altos ejecutivos en las firmas del Fortune 1000  de los E.E.U.U. 

El estudio ha encontrado que las mujeres ejecutivas son más jóvenes y tienen menos experiencia que sus compañeros, por lo que se puede pensar que las mujeres avanzan más rápido. 

 Sin embargo los datos del estudio muestran que las mujeres ejecutivas ocupan responsabilidad sobre todo en direcciones de staff: Recursos Humanos, Relaciones públicas, Comunicación…Los puestos directivos con responsabilidad sobre líneas de negocio siguen siendo dominados por los hombres. 

En el 2.000, el 50 por ciento de las firmas del Fortune 1000,  no tenían ninguna mujer en los puestos más destacados y aquellas que tenían mujeres, solamente eran 1 ó 2 por firma. 

Aunque los datos sugieren que se espera ver un aumento lento en el porcentaje de CEOs que serán mujeres en los diez años próximos, según el informe, es probable que % de CEOs mujeres, siga siendo muy bajo, según la evolución de la tendencia quizás un 6% en los próximos 10  años.

 Para rematar, en España, según los datos recabados por la Seguridad Social y comentados por el Instituto de la Mujer, la brecha salarial entre hombres y mujeres se consolida en torno a los treinta, en el periodo en el que la mayoría de las mujeres deciden ser madres. Además parece que las jóvenes cualificadas de hoy sufren las mismas diferencias salariales con los hombres, que las nacidas en los sesenta. ¿nos espera realmente un futuro mejor? ¿o simplemente las medidas que se están tomando están totalmente desconectadas de lo que realmente ocurre en la empresa y en la sociedad? 

… lo dicho, menudo jardín…

El reconocimiento por un buen trabajo hecho

8 Febrero, 2008

Por Fernando Giner 

En ocasiones, y a veces pueden ser demasiadas, el único reconocimiento que vas a encontrar por un trabajo bien hecho es la satisfacción contigo mismo.

 El entorno, aquellos que te rodean, los que son tus compañeros y los que son tus jefes, por diversas circunstancias, no te van a entender ni comprender. Por lo tanto lo que puedes recibir de ello es desprecio, incomprensión y envidia y como diría alguien “ojala te pille un camión”. 

Ante esta situación  ¿qué es lo que te queda? Tu propia satisfacción contigo mismo. El saber tú que has hecho lo correcto.

 Por lo tanto, cuando te propongas hacer un trabajo hazlo “siempre pensando” en ti, en tu propia satisfacción y orgullo por el trabajo bien hecho. No pongas “excesivas esperanzas en el reconocimiento de los otros”. Ojala se den, pero puede  no ser lo habitual. 

 El verdadero compromiso debe ser contigo mismo y no cara a la galería. La galería, los otros, suelen ser acomodaticios, y tu comportamiento, actitud, puede resultar molesta. 

Pero no menos cierto es que los comportamientos “a contra corriente” son necesarios para cambiar situaciones y mover hacia situaciones más positivas. 

Por lo tanto, es muy posible, que el reconocimiento que hoy te pueden negar, al cabo de un tiempo sea visto con agrado e incluso cree escuela.  Y tu memoria sea recordada como la de alguien que intento hacer las cosas rectamente y que trato de cambiar situaciones injustas y mover hacia acciones más positivas.

 Os recomiendo, para ilustrar lo comentado, que visionéis la película “Serpico”. En este film de 1973, dirigido por Sidney Lumet y que cuenta con la interpretación de Al Pacino, se cuenta la historia, basada en hechos reales, de Serpico, un policía que rompe moldes, tanto en la forma de hacer las cosas como en los procedimientos utilizados y las actitudes empleadas, lo que acabará generando odio y “deseos de muerte” entre su compañeros y superiores. 

Los profesores de universidad y los consultores de empresa solemos valernos del cine para ilustrar comportamientos humanos.  La película que os recomiendo merece la pena e ilustra muy bien la situación comentada anteriormente. 

Es posible que algunos os veáis reflejados en ella, la cuestión está en que lado os veis reflejados, ¿sois en la vida profesional y particular “unos serpicos” u os parecéis más a “los otros”?