Archivo de Enero 2008

Memorias de RSC o de Sostenibilidad en tiempos de crisis, ¿inversión o gasto?

29 Enero, 2008

Por John Scade

Cuando vienen periodos de crisis, toda empresa reduce las inversiones a la mínima y reduce gastos a los imprescindibles. 

Por lo tanto, en tiempos de crisis ¿que pasarán con las memorias de RSC o Sostenibilidad? 

La elaboración de una memoria de RSC o sostenibilidad puede ser una tarea ardua, especialmente la primera vez, y muy costoso en recursos económicos y humanos para una empresa.

 Es precisamente por este motivo, que aquellos defensores de que la elaboración de las memorias de RSC son relaciones públicas puras, argumentan que es una moda pasajera y cuando viene una recesión pasarán a ser una cosa de la historia. 

Y probablemente tienen razón si las empresas que las elaboran las consideran como tal, un ejercicio de relaciones públicas.

 No obstante, aquellas empresas que las publican, como parte integral de su gestión de la sostenibilidad, no solamente continuarán elaborándolas, además cobrarán más valor en tiempos de crisis. 

¿Por qué?  Por que cuando una empresa está totalmente enfocada hacia la sostenibilidad, cualquier comunicación con sus grupos de interés es clave para conseguir sus objetivos.  En este sentido, la memoria de sostenibilidad es la comunicación por excelencia con sus grupos de interés cuando está elaborado correctamente.  En periodos de crisis es todavía más importante para la empresa tener en consideración las expectativas de sus grupos de interés.

 Mucha gente cree que la elaboración de una memoria de RSC o sostenibilidad es un ejercicio mecánico y se limita a la recopilación de información y, en el caso de no disponer de ella, confeccionarla, de acuerdo con los contenidos de una determinada guía o normativa, parecido a las memorias financieras.

 No obstante, para aquellas empresas realmente comprometidas con la sostenibilidad, se trata de una parte integral y clave de su gestión. Primero se identifica a quienes tiene que ir dirigido y luego se determina de qué asuntos se necesita tratar e informar.  Si por estrategia la empresa está enfocada hacia la sostenibilidad, es realmente sencillo recopilar la información necesaria porque forma parte clave para su dirección, y por lo tanto ya existe.  Por lo tanto la confección de la memoria de RSC o sostenibilidad es más bien un “output” más de la gestión empresarial, y uno todavía más valioso en tiempos de crisis.

 Por lo tanto, si la empresa cree de verdad que en tiempos de crisis se pueda prescindir de su memoria de RSC o sostenibilidad, probablemente tiene razón.  ¡Pero por el mismo motivo su sostenibilidad queda en entredicho!

Sobre jefes y actores en paro

24 Enero, 2008

Por Javier Carril  

Hace unos meses se estrenó en los cines una película realmente interesante: “El jefe de todo esto”. Cuenta la historia del dueño de una empresa que, por miedo a la reacción de sus empleados ante las duras medidas empresariales que tiene que tomar, inventa un personaje ficticio que le suplante como director general. 

 De esta manera, creen que él es un empleado como los demás, con un contacto estrecho con el director, que no aparece nunca por la oficina porque vive en Estados Unidos y se supone que es un empresario muy ocupado. El verdadero director, disfrazado de “segundo”, comunica a los empleados las decisiones difíciles que él mismo va tomando en secreto. 

Las estrategias del director para evitar afrontar las decisiones duras llegan a extremos surrealistas como cuando contrata a un actor en paro para que represente por un día el papel de director general de la empresa ante el dueño de una compañía islandesa que quiere comprarles.

 La película es una parábola sobre el miedo de todo directivo a afrontar las decisiones difíciles, el miedo a ser rechazado. En definitiva, sobre la asertividad y el coraje que todo líder debe poseer para dirigir un departamento, un equipo de personas o una empresa. En el fondo, lo que ocurre es que tiene una necesidad profunda de afecto, y sus impopulares decisiones le quitarían el cariño que le profesan sus empleados.

 Porque el directivo es ante todo una persona, con sus conflictos internos, preocupaciones, ansiedad y necesidad de reconocimiento. El directivo es vulnerable, tiene miedo al rechazo, a la soledad, al ridículo, al fracaso. Y esto es normal.  

No obstante, debe afrontar lo que su responsabilidad en la empresa le obliga a hacer, debe tomar decisiones que a veces no gustarán a todos. Debe gestionar sus miedos y tomar las decisiones de igual manera. Otra opción es estudiar Arte dramático. Quizá en los próximos libros sobre liderazgo se recomiende… 

Yo soy el conseguidor

21 Enero, 2008

Por Mª Angeles Romeo

Resulta sorprendente comprobar como un Directivo te desgrana las funciones que va a desempeñar ese colaborador que tu tienes el encargo de encontrar. Me refiero sobre todo a un colaborador directo, que depende directamente de él y que en el mayor número de ocasiones se incorpora a un equipo de trabajo, con colaterales que, salvando territorios geográficos, grupos de producto o sectores empresariales, el “core” de sus funciones es prácticamente semejante. 

Bueno pues en estos casos, las “funciones a desempeñar” son exactamente las mismas que las que su Jefe asume, pero en menor volumen de magnitud, ni más ni menos. Eso lleva a que necesariamente le preguntes con toda tu diplomacia y delicadeza, cual es por tanto su responsabilidad, su principal actividad y la respuesta de forma sistemática se repite: “conseguir que todo eso lo consiga cada una de las personas de mi equipo…..”. 

Pero al mismo tiempo resulta sorprendente, al menos hoy por hoy todavía para mí, escuchar a un candidato a una nueva posición, que su motivo de cambio, su disponibilidad para acceder a una nueva empresa, viene motivado por  la falta de margen de actuación que encuentra en su Jefe, ya que se dedica a controlar, a hacer un seguimiento exhaustivo de su trabajo, entrando en el día a día, acompañándole en las tareas cotidianas: en una reunión con su equipo, en una negociación con un proveedor, con un cliente, en ver como va haciendo el seguimiento del presupuesto previsto, que sistemas de control utiliza, etc., etc. En suma, que casi duplican la dedicación a la tarea y, lo que es más importante, endentece el ritmo del colaborador, porque éste aún tiene que ofrecerle detalles para que pueda conocer la situación en su conjunto. De esta manera, la única diferencia entre uno y otro estriba en que el Jefe repite esta misma ocupación con todos y cada uno de los integrantes del equipo.

 Quiero recordar que se habla de un cierto tiempo a esta parte de escasa productividad del país, de encarecimiento de los costes empresariales, etc. 

Y yo me pregunto ¿no estamos ante un problema de liderazgo?, ¿no será que cada vez con mayor frecuencia hemos pasado del principio de Peter de alcanzar nuestro máximo nivel de incompetencia a alcanzar el nivel en el que se presupone que mi trabajo lo hacen los demás y yo soy el conseguidor?. ¿No será que estamos ante una población directiva, insegura en sus funciones de responsabilidad, con escasa iniciativa para abordar nuevos caminos, para allanar el terreno, para centrarse en el crecimiento y el desarrollo de las personas a su cargo, como medio de conseguir entre todos juntos nuevos, diferentes y mejores resultados….? .

Tal vez resultaría más conveniente reclamar que nuestros directivos asuman la tarea de desarrollar una nueva generación de líderes, sin miedo a que se conviertan en su competencia, muy al contrario, que partan de la creencia de que son los verdaderos artífices de una generación competente en el management de personas, donde tan solo los malos hábitos que todos hemos sufrido y ejercido, sean erradicados y nunca más emulados.

Año nuevo, vida nueva

17 Enero, 2008

Por Basiliso Colmenero

Para un profesional no hay una vida más nueva que cuando se le cambia el escenario desde el suelo hasta el techo, el entorno y su propio rôle, es decir, cuando cambia de compañía.

 

Es una gran oportunidad para empeñarse en la mejora de uno mismo: Empiezas sin etiquetas: tienes en tus manos el ir construyendo y diseñando tu propia etiqueta, tienes en tus manos el borrar aquel ”sanbenito” que te colgaron y que hasta ahora te ha resultado tan molesto, tienes la oportunidad de crearte nuevos hábitos y dejar antiguos vicios. 

 

Pero, al igual que las promesas de inicio de año nuevo, este cambio requiere primero un análisis previo de nosotros mismos, de lo que queremos y podemos mantener, cambiar o incorporar y las razones que tenemos para ello, después un firme propósito, una decisión clara y bien definida y finalmente constancia, autovigilancia y disciplina.

 

La clave está en los tres primeros meses: es el tiempo en que, ante un nuevo escenario, nos vemos obligados a ser conscientes de cada uno de nuestros actos.

 

Todavía no te está permitido ni puedes conducirte por rutinas. Cada comportamiento, cada conducta es un invento, una originalidad que tú libre y conscientemente eliges y que, en un futuro, con la repetición de esas circunstancias y esa conducta pasará a ser un hábito.

 

Es cierto que la “invención” y la “originalidad” exigen un esfuerzo adicional: mental y de aprendizaje por un tiempo determinado, pero tiene tanto impacto y durante tanto tiempo a futuro que bien merece la pena. 

 

Esto que ocurre tan claramente en el cambio de compañía es aplicable de igual manera  a toda situación nueva, definida como tal cuando los actores que intervienen son nuevos: un nuevo cliente, un nuevo jefe, un nuevo proveedor, un nuevo grupo de trabajo, un nuevo equipo de colaboradores… 

 

Todas ellas son circunstancias que ofrecen la oportunidad e invitan a iniciar un proceso de mejora, a repetir aquello de “año nuevo, vida nueva”.

 

En todos estos casos aún no existen, y por tanto no hay que luchar contra ellas, “las primeras impresiones”. Nosotros decidimos cuáles sean las primeras impresiones que queremos producir y mantener, pero ello requiere, como decimos más arriba, prepararnos para ello: reflexión, decisión y autocrítica.

 

No decidas lo que previamente no hayas reflexionado y haz un seguimiento severo del cumplimiento de tus decisiones.

¿RSC o RSE?

16 Enero, 2008

Por John Scade 

Durante una larga carrera en el mundo de los negocios que he desarrollado en firmas de auditoría y consultoría, y en puestos directivos en multinacionales industriales y de gran consumo, si una cosa he aprendido es que cuando alguien empieza a utilizar un argot que es nuevo para ti debes siempre preguntar, preguntar y preguntar.  Además si no lo aclaras al momento, tácitamente confirmas que lo entiendes y luego es cada vez más difícil preguntar.

 Quizás parezca obvio, pero frecuentemente la gente, sea por su orgullo o por su falta de madurez, tiene pudor para pedir aclaraciones cuando surgen conceptos o términos nuevos.

 En algunas de las empresas en las que he trabajado como parte de su programa de formación, proporcionan una “chuleta” para que todo el mundo entienda su argot. 

Hace dos años en una conferencia precisamente sobre el entonces tema incipiente de RSC, ante la pregunta de qué era exactamente RSC, uno de los “pseudo” expertos respondió que entre ellos lo llamaban “la cosa” porque no existía un consenso claro.

 Quizás ha llegado el momento en el que es importante tener muy claro que es el RSC o RSE.

 En primer lugar el término RSC tiene sus orígenes en el acrónimo en inglés CSR “Corporate Social Responsibility”.  Sin embargo la traducción literal a RSC, Responsabilidad Social Corporativa, no es lo más adecuado porque la traducción más correcta de la palabra en inglés “Corporate” es Empresarial.  Esto es debido a que en España se entiende por corporaciones a las grandes organizaciones, mientras empresa puede ser de cualquier tamaño, igual que la palabra “Corporate” en inglés. Por lo tanto el término correcto es RSE, Responsabilidad Social Empresarial. 

 En segundo lugar, es muy importante tener en cuenta que la RSE como tal no es nueva, ya existía pero hasta ahora no se le había asignado un título.  Esto se debe a factores nuevos que han entrado en juego, principalmente el fenómeno de la globalización y el cambio climático, y la necesidad de solidaridad por parte de las empresas para enfrentar estos importantes desafíos mundiales.